viernes, 21 de marzo de 2025

PEDRO CHANEL, TESTIGO DE DIOS EN OCEANÍA

 


PEDRO CHANEL, TESTIGO DE DIOS EN OCEANÍA

Algunos apuntes para conocer al protomártir de Oceanía

 


1. Pedro Chanel nació el 12 de Julio de 1803 en Montrevel, una aldea desconocida del departamento de Ain, al norte de la ciudad de Lyon (Francia).  Es el quinto hermano de una familia de ocho hijos.  Los padres son campesinos que se ganan la vida cultivando los campos y cuidando unos pocos animales domésticos.  Pedro, desde bien pequeño aprende a salir al campo con las ovejas.

 2. De detrás de las ovejas le saca la penetrante mirada del P. Trompier, cura de Cras, que ve en él un posible candidato al sacerdocio.  Y así fue.  Antes de incorporarse al Seminario Mayor de Bourg hace sus primeros estudios con el cura de su pueblo.

Estamos en una época, en la que muy pocos chicos se podían permitir el lujo de asistir regularmente a una escuela

 3. Pedro Chanel tuvo también sus momentos bajos:

Un día se Encuentra agobiado por los estudios y por los problemas de la edad... Tan mal lo estaba pasando que decide abandonar los libros.  “Ya está. - Se dice- Seré campesino o pastor como lo han sido mis abuelos y lo son mis padres... Yo no valgo para estudiar... Así que será mejor que no pierda el tiempo...”

Recoge todas sus cosas; hace con ellas un hatillo, se lo echa al hombro y se dirige calle abajo a la casa de sus padres.

Pero, he aquí, que cerca de la Iglesia se encuentra con una mujer que le conocía muy bien.

          ¿Dónde vas Pedro, a estas horas? Parece que estás muy triste.

¿Qué te pasa?  Pedro, aunque quiso, no pudo ocultar la verdad de lo que sentía.

·         Lo dejo todo.  No sirvo para estudiar.  No quiero continuar.

·         La señora se le acercó y con mucha confianza la preguntó:

Pero, hombre... ¿Te lo has pensado bien? ¿Se los has dicho al Sr. Cura? ¿Lo has consultado con la Virgen María?

·         Pedro se quedó cortado.  No se esperaba aquello.  Agachó la cabeza y entró en la Iglesia; se arrodilló a los pies de la Virgen y permaneció un buen rato con la cabeza entre las manos.

·         La señora estaba aguardando en la plaza.

¿Qué te ha dicho la Virgen María? Pedro respondió con un hilillo de voz:

·         Me quedo.

 4.    Pedro fue sacerdote.  Después de unos años en el seminario Mayor de Bourg cantaba Misa a los 24 años. Pocos días más tarde tomaba el camino de Amberieu, su nueva Parroquia, donde tenía el cargo de coadjutor.

 5. Pedro es un cura sencillo y piadoso, que entusiasma a la gente: a los mayores, a los jóvenes y a los niños.  La comunidad parroquial vive con alegría y paz las fiestas del calendario cristiano y celebra con regocijo los pequeños acontecimientos de la vida campesina.  Pedro tiene el arte de despertar el gusto y el entusiasmo de la buena gente por las cosas de Dios.  Además, es servicial; por eso es querido y apreciado por todos.

 6. Pero él no ha nacido para ser cura de su pueblo.  Su ilusión es ser misionero.  Sueña con las misiones.  Por entonces conoce a los MARISTAS.  Le gusta el proyecto: Construir una iglesia con rostro mariano; ser presencia de María en la Iglesia y en la sociedad, ser los brazos, los pies y el corazón con los que María continúe aliviando el dolor de los hombres.  A Pedro le gusta la idea y se une a ellos Como grupo, Los Maristas se ofrecen al Papa para ir donde más falta haga anunciar el Evangelio. Oceanía era ese lugar.

 7. Está contento con el grupo marista.  Pasa unos años como educador y superior en el Colegio de Belley.  Pedro destaca por su cercanía y bondad.  Los alumnos, enseguida le ponen un apodo: “El buen pastor”.

 8. Llegan noticias de Oceanía.  Las traen los navegantes y aventureros:

Islas pequeñas.   Millones de islas perdidas en el azul del Pacífico.  Sus habitantes viven en estado muy primitivo...algunos incluso son caníbales.  No conocen a Dios... El grito de las misiones resuena con fuerza en el pecho de Pedro Chanel.  Hacen falta misioneros. ¿Quién quiere ir a Oceanía?

Pedro responde: “Aquí estoy Mándame a mí.”

 9. Pedro forma parte de la primera expedición marista que se dirige a Oceanía... La Víspera de la Navidad de 1836 suben a bordo del “Delphine”.  Desde el puerto de L’Havre inician una larga y penosa travesía.

Es la respuesta a la llamada de las Misiones.  Cuando la ideal tira fuerte, todo lo demás apenas se nota.

 10. A las pocas horas de embarcar   el navío se ve envuelto en una gran borrasca.  Después de varios días a punto de naufragar, la nave maltrecha se ve libre de la tormenta y puede arribar a las Canarias.  Tras varias semanas de descanso forzoso, mientras se reparan averías, los misioneros se hacen de nuevo a la mar.  Pero ahora es la enfermedad la que va a azotar a los esforzados viajeros.  En Santa Cruz de Tenerife había epidemia de peste y varios tripulantes se han contagiado: fiebres, cansancio, dolores y al fin... la muerte.

 11. Pero estos contratiempos - la tempestad y la peste tienen la virtud de cambiar la disposición y la actitud de la tripulación del “Delphine”.  Los marineros recibieron muy mal a bordo a los misioneros: bromas, chistes, desprecios, insultos, ... Las desgracias les han hecho ver que son personas; y personas serviciales y dispuestas a ayudar.  Nace en ellos un acercamiento personal y caen también los prejuicios tendida de Dios que le invitaba a la reconciliación.  Y así lo hicieron.

Uno de los siete misioneros, el P. Bret perecía víctima de la peste, y después de un funeral en el puente de la nave, su cadáver, envuelto en una lona, sería entregado a las aguas del océano.  Un amigo menos, dos brazos menos para la tarea misionera.

 12. Después de once meses de navegación azarosa, al fin una mañana de noviembre de 1836 avistan las costas de Futuna:  Es un islote insignificante a miles de kilómetros de la isla más cercana, perdido en la inmensidad del Pacífico.  Pocos habitantes.  Todavía hoy, sólo dos veces al año sus costas son tocadas por un barco de pasajeros.  Así sepultado en vida, lejos de Francia y de toda civilización europea, queda allí el P. Chanel, en compañía del hermano. Nizier, su fiel acompañante.

 13.  Un largo año para aprender la lengua de los nativos.  Un año de inactividad cultivando unas pocas plantas en el huerto cercano a la choza.

 Pedro Chanel el “hombre de buen corazón” - apodado así por los nativos recorre la isla en todas las direcciones, desgranando avemarías por todos los caminos y senderos de Futuna.  Los nativos le recordarán muchos años después de su martirio como aquel hombre bueno que se paseaba por toda la isla con el rosario entre los dedos, la sonrisa permanente en los labios y con un gran deseo de ayudar a todo el mundo.

 14. Primero como amigo e invitado de honor se hospedaba en la tienda del Rey; después construyó su propia choza.  Cuida de los enfermos, reparte su bondad... Desearía hacer tantas cosas, hablar tanto... pero no puede hacer nada.  Sólo rezar, pero reza y mucho.  El prepara el terreno y siembra con su ejemplo.  Ya llegarán otros a recoger la cosecha.

Los pocos que él bautiza son niños o adultos al borde de la muerte total nada.

 15. Poco a poco, Pedro Chanel observa cómo la gente se le va poniendo en contra, y le miran con que al principio le acogió con amistad y afecto, está ahora decepcionado y le trata con indiferencia y hostilidad; los nativos pueden robar en el huerto y en la casa del misionero, sin que nadie les reprenda.  Entre la gente corre un rumor:  los dioses de la isla no están contentos con la presencia del misionero en Futuna.  Hay temblores de tierra, las cosechas son menos generosas; en la guerra frente a la tribu enemiga, han caído los guerreros más fuertes.... El aire de la isla parece apestado por la presencia del misionero.

 16. “Morirá el blanco” Es la consigna que se repiten en voz baja los hombres de Futuna.  El blanco tiene que morir porque nos está robando la religión de los padres y la fe de los mayores... nuestros dioses están enfadados y no nos son propicios....

 Sí, “morirá el blanco”.  La conjura está en marcha. Musu-Musu enardece a los menos entusiastas, y llega a convencer al Rey Niuliki.  El día ya está fijado: Será el 28 de abril.  Lo único que falta es cumplir el plan.  Allá va.

17. Amanece el 28 de abril de 1841.  Es por la mañana. Musu-Musu con un grupo de guerreros se acerca a la choza del misionero.   Musu-Musu se adelanta y llama al Padre.

Me he hecho daño en el pie cogiendo cocos.  Vengo a que me lo cures...

Mientras el P. Chanel busca el botiquín, los acompañantes de Musu- Musu se adentran en la choza y la saquean.  Vuelve el misionero con la pomada y al ver el desorden de la casa pregunta a Musu-Musu.

¿A qué habéis venido?

El guerrero viéndose descubierto grita a los hombres:

_ ¿A qué esperáis para matarle?

Uno de los guerreros empuña un rompecabezas y lo descarga sobre el padre Chanel que desvía el golpe con el brazo.  Cae al suelo con el brazo roto.  Otros guerreros descargan su rompecabezas en la cabeza del padre, que, caído contra la pared de la choza, sangra de la sien... El P. Chanel sin poderse incorporar musita en voz baja: “La muerte es un bien para mí”, “La muerte es un bien para mí” ...Los indígenas están - Dejad de robar y rematadle de una vez.

18.  Pero nadie le hace caso.  Entonces Musu- Musu empuña una azuela y la descarga con todas sus fuerzas contra la cabeza del misionero que se desploma y muere en aquel mismo instante.  La herramienta ha penetrado en el cráneo.

Los guerreros asustados, abandonan lo que han cogido por la casa y huyen despavoridos.

 

19. El misionero blanco ha muerto.  Su obra ha terminado.  La isla retornará a su ritmo de antes...Los dioses volverán a estar contentos, los indígenas recobrarán la paz perdida... Aquí no habrá pasado nada.

Pero no falla la lógica. Al cabo de tres años la isla en masa se ha convertido al cristianismo bautizándose voluntariamente.  El mismo Musu-Musu, habla con veneración y respeto del misionero blanco, del “hombre de buen corazón”.  El lo mató, pero desde el cielo le ha perdonado, y le ha conseguido su conversión.

¿No recordáis la frase que dijo Tertuliano, hace ya muchos años: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”?

 

 MENSAJE DEL PADRE FUNDADOR A LOS PRIMEROS MISIONEROS

Que la gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo ya la poderosa intercesión de nuestra tierna Madres, estén siempre con ustedes y les acompañen por doquier...

Estos son los sentimientos de mi corazón hacia cada uno de ustedes y los renuevo con frecuencia y con agrado ante el Altar, pensando en ustedes y en los hermanos, que después de haberles trazado la ruta de Oceanía les llaman a compartir las tareas y los méritos del apostolado.

Sí, con la ayuda de la gracia y de la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, con la paz que siempre es el premio de quien se entrega totalmente al servicio de los demás, con la poderosa protección de María, de la que siempre estamos seguros, pueden ser dichosos en todas partes y sentirse protegidos de todos los peligros, recibir el ciento por uno prometido a los que lo dejan todo: Padres, amigos y hasta la Patria por amor al Señor;  y en medio de las preocupaciones, de los peligros y de las luchas que, por amor a Jesucristo, les esperan, encontrarán siempre la alegría de la que hable san Pablo: “Desbordo de gozo en mis tribulaciones.”

 Dios no me permite, amados hermanos, compartir los trabajos, penas y méritos de ustedes: como tampoco acompañarles en esa tarea tan noble que nunca me ha parecido tan envidiable, como desde que ha sido ennoblecida con la sangre de dos hermanos nuestros y con los sufrimientos prolongados y heroicos de los que les han precedido, yo no merezco la gracia de este apostolado,  ni tampoco la del martirio. Ya que no puedo compartir esa dicha de ustedes que, os lo confieso, a menudo suscita en mi cierta envidia secreta, permítanme al menos que de nuevo les recuerde algunos consejos que en el momento de la partida ofrecí a los queridos hermanos que allí van a encontrar.  Esos consejos les afecto y de la solicitud, que les profeso.

1º.  No confíen nunca en sí mismos, ni siquiera en los momentos de éxito.  Confíen tan sólo en Jesús y en la Virgen María.  Cuanta mayor sea la desconfianza en sus propias fuerzas y la fe en Dios, tanto más atraerán las luces y las bendiciones del cielo.  Al hombre de fe, que confía en Dios, nada ni nadie lo hará vacilar.  Cuando se vea rodeado de los mayores peligros no se sentirá apocado ni temerario.  Repetirá constantemente: “Sé de quién me he fiado” “todo lo puedo en aquel que me da su fuerza”.  Recuerden que el éxito de su misión depende únicamente de la fe y de la confianza que pongan en Dios.

2º. No debiliten la referencia al Salvador del mundo.  En su Nombre marchan: “Yo les envío”. Siempre estará con ustedes, como con los Apóstoles.   Si, mis queridos hermanos, “empápense” bien de este pensamiento:  Cristo les acompañará en sus trabajos y viajes, lo mismo por mar que por tierra, en la tempestad y en la calma, en la enfermedad como en la salud.  Si tienen hambre o sed.  El también sentirá hambre o sed; A Él será a quien reciban o rechacen en la persona de ustedes; al que persigan, si les persiguen.  Véanle, por tanto, en todas partes, se lo suplico, para su consuelo y dicha; véanle constantemente unido a ustedes, asociado tanto a sus trabajos y sufrimientos como a sus consuelos y alegrías; atribúyanle el mérito de todos sus actos, olvidándose de sí mismos, y teniéndose por instrumentos indignos.  En el recuerdo constante del Divino Salvador, hallarán la fuerza, la paz, la luz y cuantas gracias necesiten en cada momento.

3º. En las persecuciones, peligros privaciones, enfermedades, tentaciones... no se encierren en sí mismos, porque será entonces cuando la desolación, los pesares y la tristeza se apoderen de su corazón y experimentarán cómo se debilitan su valor y su virtud.

4º.       No se aíslen; pongan sus ojos en Jesús, en María, en el cielo y en los sufrimientos del Salvador del mundo.  Les recomiendo con insistencia esta norma.  No tardarán mucho en darse cuenta de su importancia.

5º. Sean hombre de oración y de meditación.  Convertir un alma es más que resucitar un muerto y sólo se alcanza con la oración.  Rueguen, pues, constantemente por la conversión de los infieles.  Que todos los días sus oraciones, sacrificios y todos sus actos, estén orientados hacia ese fin; y cada semana, elijan un día y ofrezcan por esa intención y por ustedes mismos, todas las obras buenas que se haga en las diferentes ramas de la sociedad.  Esta práctica, atraerá sobre ustedes abundantes gracias.

6º. Nada les diré sobre la confianza que deben tener en María, ni del celo con el que deben contribuir a hacerla conocer y venerar, ustedes son sus hijos.  Jamás deben olvidarlo.  Bajo su bandera emprenden el viaje.  Véanla siempre al frente y en medio de ustedes.  Por muy ocupados que estén no dejen pasar un solo día sin rezar el rosario o por lo menos algunos misterios.  Sin perder tiempo pónganse bajo su manto y conságrenle la isla en la que desembarquen, colocando en un lugar visible alguna medalla o estampa de la Reina del Cielo, como señal de su toma de posesión sobre la isla y de que se la habéis consagrado. Recuerden igualmente que san José es el segundo patrono de la Sociedad y que cuantos acuden a él, muy pronto experimentan los efectos de su poderosa intercesión.

7º. Vaesoli!!. “¡Desgraciado el que se siente solo!”, ha dicho el Espíritu Santo y no quiero ocultarles, queridos hijos, que es sobre todo en Oceanía, donde la soledad será más peligrosa.  Creo que faltaría a mi obligación y que omitiría algo de mi solicitud por cuanto se refiere a vuestra seguridad espiritual, si no les recomendase con insistencia que eviten muy cuidadosamente el aislamiento.

 8º. Recuerden sólo circunstancias urgentes e inevitables pueden justificar el vivir solos o el salir solos, sobre todo si están iniciándose en el apostolado.  Como norma general deben tener un cuidado casi escrupuloso de vivir con alguien, y de salir con él ya sea a dar un paseo, ya sea a visitar a un enfermo.  Con esta medida de prudencia su reputación quedará bien a salvo.

 9º.  En todos los lugares y circunstancias en las que se encuentren sean sencillos, humildes, y pobres; no obstante, sean limpios en el vestir y en el porte exterior.  Nada más conforme con el espíritu de la Sociedad que la sencillez exenta de toda pretensión en el porte y en los ademanes.

10º. Manténganse unidos y no discutan nunca entre ustedes, pues son miembros del mismo cuerpo, cuya cabeza es Jesucristo.  Las penas y tribulaciones, lo mismo que las alegrías de vuestros hermanos deben serles comunes.  Esa unión perfecta será la mejor señal de que realmente son humildes, apóstoles de Dios que es Amor y verdaderos hijos de María.  No olviden que es muy meritorio anteponer   la opinión de los demás a la propia, con tal de que la gloria de Dios quede a salvo.

 

11º.  ¿Qué decirles de la obediencia, de esa virtud, que como afirma la Regla, conduce directamente al cielo?  Si son obedientes, saldrán victoriosos.  El E. Santo nos lo asegura y no vacila en añadir que así es como se consigue la salvación eterna y cómo se defiende el alma de todos los peligros.  En todo, por consiguiente, sométanse a quien tiene que contar con ustedes en conformidad con la voluntad de Dios.  Vean en él a un representante nuestro.  Si alguna vez las necesidades de la misión, les impiden permanecer bajo su autoridad inmediata, acudan a los compañeros que colaboran con ustedes y no hagan nada sin ponerse perfectamente de acuerdo, pidiéndose permiso mútuamente para no perder el mérito de la obediencia.  A fin de estar cada día más identificados con el respeto y la obediencia que deben principalmente los Vicarios Apostólicos, les recuerdo las palabras de nuestra Regla: “Den el debido honor y obediencia a los Obispos... no ejerzan ningún ministerio sin el consentimiento y aprobación del Ordinario del lugar.  Pídanle consejo en los varios ministerios que se relacionan con el bien de la diócesis, y para mayor armonía, téngalo informado en lo posible.  Finalmente, condúzcanse por todas partes con tal prudencia y respeto que los Obispos amen nuestra sociedad, la favorezcan, protejan y la consideren como suya” (Consta. 13 ).

 12º. Por encima de todo, amadísimos en el Señor, jamás busquen sus propios intereses, sino únicamente los de Cristo, obrando siempre con recta intención.  Este es un punto capital, que a menudo debe ser objeto de sus meditaciones.  Así y solamente así, ganaran infaliblemente la corona del apostolado.  Mostrad también el mayor respeto hacia los demás religiosos y hacia los sacerdotes diocesanos, considerando como propio el bien que hacen ellos, mostrándoles deferencia en todas partes, ayudándoles siempre que lo necesiten, tratándoles con honradez, sencillez y humildad.

 

13º. Aprovechen cualquier ocasión favorable, para enviar noticias que puedan interesar a los amigos de la Propagación de la Fe.  Ese es el deseo de la Oficina Central de Lyon.  No todas las cartas pueden tener cabida en los Anales, porque sólo se publican seis veces al año y tienen forzosamente que hacer una selección; pero todas las noticias tienen su importancia y son leídas con interés en las casas maristas.  Hacemos copias de ellas porque nos las piden de todas partes. Pueden ser muy provechosas.  Las cartas que tengan esas informaciones de interés deben dirigirse directamente al Superior General de la Sociedad de María, omitiendo direcciones particulares.  Además, nada les impide enviar otras cartas a los hermanos o a los amigos.  Cada uno de ustedes tiene perfecto derecho a escribirme confidencialmente.

Finalmente confiemos en la oración; por desgracia nuestras plegarias no son muy dignas de llegar hasta el Trono de la Gracia; pero María es nuestra Madre.  Sus virtudes y sus méritos nos pertenecen.  Ofrezcamos a Jesucristo el inmenso tesoro oculto en el Corazón inmaculado de la Madre.   El que les ha escogido y el que les prepara para la lucha, es el mismo Jesucristo.  El es quien pone en nuestras manos el poder de su cruz...Ofrezcamos al eterno Padre los méritos infinitos de su divino Hijo; y al Salvador de los hombres los méritos de su Madre.  Tenemos la seguridad de ser escuchados cuando vamos a Jesús por María y al Padre por Jesús.

Termino por donde empecé, deseándoles la paz, el amor de Jesús y de María.  Sean valientes, nunca dejen entrar en su alma sentimientos de temor ni de melancolía: “Alégrense siempre en el Señor... “Repasen a menudo estos consejos” que cada uno se procure una copia.

Les abrazo con todo cariño y prometo ayudarles con las oraciones de toda la comunidad.

Juan Claudio Colín

  

EL P. FUNDADOR HABLA DE LAS MISIONES DE OCEANÍA EN ....

 1.-          Las 3 Coronas del  P. Chanel        HF.  56,5

2.-          Las Misiones de Oceanía, aureola de la S.M         HF.  75,2

3.-          Preparados para sufrir   HF.110,5

4.-          El deseo de ser misionero            HF.117,8

5.-          Las misiones y las virtudes sólidas            HF. 66,1 y 2

6.-          La Actitud del Misionero              .HF.44,8 y 9

7.-          La oración por las misiones         HF.115,3 y 4

8.-          El recuerdo de los misioneros    HF.  39,22

9.-          Miembros de una misma familia              HF.160,4

 Siglas.-            HF. = “Habla un Fundador” México, 1981

 REFLEXIONES PARA LA NOVENA DE SAN PEDRO CHANEL PROTOMARTIR Y PATRONO DE OCEANÍA. -

Reunidas por el P. Liam Forde, S.M. (Provincia de Irlanda)

P. Valentín L. Aparicio, S.M.

 “¡Si, el nombre de Pedro Chanel se inscribe en la historia de una generación y ahí estará grabado para los siglos venideros, no es por presentar un título tal como escritor, artista, inventor, genio militar...! ¡No!  Presenta un motivo más relevante para saltar a la fama.  Nos referimos a la santidad heroica” . (Card/ Pttavoamo: Sermón de; 16.06.1954)

 “Ahora vengo a reunir a todos los pueblos de todos los idiomas.  Y cuando habrán venido, serán testigos de mi gloria.  Yo haré un prodigio en medio de ellos y, luego, mandaré los sobrevivientes hacia todas las naciones y las islas más lejanas que no saben de mi fama ni han visto mi gloria” (Is. 66,18 ss)

 LA EXPANSIÓN MISIONERA DEL SIGLO XIX: UN DESAFÌO PARA NOSOTROS, HOY.-

 La escasez de misioneros ofrecía un cuadro desgarrador a comienzos del siglo XIX.  Comunidades enteras de cristianos, sin el apoyo de un sacerdote, contemplaban como muy cercana su desaparición, Japón, Corea, Oceanía y África Central se encontraban en esta situación.  Se contaba que una delegación de coreanos católicos llegó a Roma para pedir al Papa Pío VIII que les enviase siquiera un sacerdote.  El Santo Padre no estaba en condiciones de poder prometer nada...

 Gradualmente, todo el panorama comenzó a cambiar.  A pesar del lastre de los siglos, la Iglesia católica es portadora de una vitalidad interior que no puede ser adecuadamente explicada, acudiendo sólo a las leyes de la sicología o de la sociología humanas:  Superando situaciones caóticas ha renacido y se ha superado una y otra vez.  No debemos perder de vista las palabras del Fundador: “Animo.  Sabe que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo...” “Esta es la victoria, que vence al mundo: vuestra fe”.  En un siglo de fuerte ateísmo la Iglesia comenzó a mostrar una extraordinaria vitalidad y la voluntad de “renovar todas las cosas en Cristo”.  Hijos e hijas de Europa se enfrentaron al martirio en China, Oceanía y África.  La era de los escépticos y de los agnósticos burlones fue también la de los grandes aventureros de la expansión del Evangelio.  En este milagro moral, Francia abrió caminos, mientras que el resto de la familia católica de Europa se aprestó a proporcionar vocaciones sacerdotales y religiosas.

 ! ¡Permítasenos, una vez más, volver a Francia! ¿Cómo fue posible que todo esto sucediese en el intervalo de unas pocas décadas?

 La era de la razón, del agnosticismo, y de la abundancia produjo al fin sólo desasosiego, inseguridad y desencanto.  Las grandes promesas fueron sólo un espejismo para muchos pensadores.

Se sucedieron sangrientas revoluciones destructoras de toda una civilización.  La ambición del Imperio se había desmedrado y millones de personas reaccionaban retornando a las verdades eternas, salvaguardadas por la que San Agustín mucho tiempo antes había descrito como “Nuestra Santa Madre la Iglesia Católica”.

Una vez más el papel del Maestro de las naciones, divinamente inspirado, fue de nuevo comprendido.  Nada puede resistir el impulso de la gracia de Dios.  El mensaje de Paray-le-Monial había llegado a París, con el establecimiento de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento en la Basílica de la Ciudadela, cerca del Santuario, en el que los primeros Jesuitas hicieron su profesión, impulsando la misión hacia todo el mundo.  De esta forma la Historia volvía a repetirse.

 Mientras, aparecen en escena Pedro DILLON, marino de origen irlandés.  Durante casi 20 años había mandado barcos franceses que unían el Lejano Oriente y las Islas del Pacífico Sur.  Como hombre Chanel en bronce preside hoy el patio de dicho Colegio.  La mano izquierda de Pedro Chanel descansa sobre el hombre de un muchacho, mientras que la derecha muestra la palma del martirio.  Sobre la entrada principal, en una hornacina, se puede contemplar una hermosa estatua de la Virgen María, primera y perpetua superiora de los maristas.  El lema del P. Chanel era, claro está, “Amar a María” y hacerla amar y a través de ella llevar las almas a Jesús”.

 Poco después de su Profesión religiosa, el 24 de setiembre de 1836, fue elegido para formar parte del primer equipo destinado a las Misiones de Oceanía.  Los preparativos se hicieron con rapidez, y a finales de otoño le encontramos en el puerto de L’Havre, esperando la partida del barco.

 Durante la travesía, su compañero de camarote, Claudio Bret cayó enfermo de fiebre. El camarote apenas medía 7 x 4 pies de ancho.  Podemos comprender lo sofocante que debió resultar aquel ambiente tanto para el enfermo como para su enfermero, el P. Chanel que lo cuidaba noche y día.  Poco tiempo después escribiría: le proporcionamos todos los remedios que estaban a nuestro alcance, pero, por desgracia, sin resultado ... Rezaba continuamente, salvo en los momentos en que la fatiga o el sueño le vencían. No nos cabía en la cabeza la idea de que pudiera morirse... Así, su muerte, fue un golpe terrible para nosotros.  Todos estábamos con él, en aquel momento”.  Para el funeral se preparó un altar en la cubierta.  El Obispo Mons. Pompallier ofició la Misa; y después, el primer marista que moría, fue sepultado en el mar.  Con fe y serenidad genuinas, el P. Chanel concluía así una carta dirigida a su propia madre:  “Alégrate si oyes decir que yo he muerto así, como él...

A pesar de las apariencias, Chanel era físicamente fuerte y resistente.  Superó el rigor de la fiebre y sus secuelas posteriores.  Más adelante en Futuna, le encontramos compartiendo con los indígenas el pescado crudo, que sus compañeros de religión consideraban intragable.  Después de una larga y penosa escala en las Islas Canarias y otras más cortas en Valparaíso, Tahití y Tonga, llega a su campo de misión el 8 de noviembre de 1837.

Para hacernos una idea de la inmensidad del Pacífico pensemos que Futuna está a 2,000 de Tahití; a 300 al N.E de Fiji y a unas 100 de Uvea (Wallis), donde misionaba su vecino más próximo el P. Bataillon.  Inmediatamente con ayuda del Hno. Nizier, el Padre comenzó a aprender la lengua del país y a adaptarse a las costumbres de Polinesia.  Incluso llegó a escribir un libro sobre la Doctrina Cristiana en este Idioma.  Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, apenas si bautizó a un puñado de niños, muchachos y adultos, en peligro de muerte.  Pero esto no significa que la mayoría de los futunianos no lo pareciesen.  De hecho, era conocido como “El hombre de gran corazón”.   El problema estaba en que el jefe supremo de la isla, el rey, y sus secuaces no veían con buenos ojos la popularidad del sacerdote.  Temerosos de que si de fe robusta, estaba entristecido por la casi total ausencia de misiones católicas en aquella vasta región.  Fue llamado a París para ser condecorado con la Legión de Honor, y aprovechó esta oportunidad para llamar la atención del Rector del Colegio Irlandés.  Fue presentado a Mons. de Solages, Prefecto Apostólico de las Islas Reunión, en el Océano Indico.  Ambos decidieron acudir al Cardenal de CROY, Arzobispo de Rouen y presidente del Consejo Nacional para la Propagación de la Fe.  Este buen cardenal se puso en contacto con la Santa Sede.  Como resultado de estas gestiones, Oceanía Oriental les fue adjudicada a los Padres del Sagrado Corazón; y se le pedía a Mons. de Solage, que se hiciera cargo de la evangelización de Oceanía Occidental en diciembre de 1829.  Hacia allá marchaba vía Madagascar, cuando le sobrevino la muerte en 1832.  Luego, su predecesor en las Islas Reunión, después de recibir el nombramiento, declinó la oferta a causa de la edad y de los achaques.  Poco tiempo después Mons.  de Pins, Administrador de Lyon, proponía a un sacerdote de aquella diócesis, celoso y capaz, Francisco Pompallier, como la persona apropiada para aquel puesto.  Roma expidió el nombramiento: Vicario Apostólico de Oceanía Occidental, es decir la región entera entre las Islas Cook y Nueva Zelanda.

 Para esta misión necesitaba sacerdotes y el Arzobispo Le Pins le aconsejó que se los pidiese a los Maristas.  El P. Colin y su consejo aceptaron.  Como resultado, la S.M.  recibía su plena aprobación el 29 de abril de 1836, mediante el Breve  “Omnium Gentium”  (“La salvación de todas las naciones”), firmado por el Papa Gregorio XVI.  A los maristas se les confiaba la evangelización de Oceanía Occidental.  Señalemos que antes de ser Papa, Gregorio XVI. había desempeñado el cargo de Prefecto de “Propaganda Fide”.  Como Supremo Pontífice se destacó como el gran promotor de las misiones.

 NOTA BIOGRÁFICA

 Pedro Chanel, el futuro primer mártir y patrón de Oceanía, nació en Cuet (SE. de Francia) en el seno de una familia campesina, el 12 de Julio de 1803.  Sus pasos fueron providencialmente encaminados hacia el sacerdocio, merced al ejemplo de sus familiares más cercanos y al celo de su primer maestro, el P. Juan Trompier, párroco de Cras, pueblo en el que se había casado y vivía su hermano mayor.  El P. Trompier pudo citar al joven Chanel lo que dice el Salmo (31,8) “Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir”.  Unos años después, Pedro decía “El P. Trompier es, después de Dios, la persona a la que más debo la alegría de ser sacerdote”.

 Fue ordenado sacerdote para la diócesis de Belley el 15 de julio de 1827.  Trabajó duro tanto de Coadjutor, como de Párroco.  Su Obispo, Mons. Devie le permitió unirse a la recién nacida Sociedad de los Padres Maristas.  El Superior General, Padre Juan Claudio Colín le nombró, primero profesor y Director Espiritual y luego Superior del Colegio de Belley.  Una estatua de Pedro la nueva religión ganaba adeptos, ellos perderían el control sobre la gente, idearon un plan: hacer la vida imposible a los misioneros, sembrando de obstáculos la vida diaria.  Es decir, ponen en marcha un proceso de muerte lenta para asestar al final el golpe de gracia.  Primero les despojan de su intimidad;  Los nativos irrumpían en la choza a cualquier hora y por cualquier motivo.  Durante meses les fue imposible celebrar la Eucaristía.  En cuanto las cosechas apuntaban, el jardín era sistemáticamente saqueado.  Cada una de estas acciones estaba pensada para hacerles impopulares a los ojos de la gente del pueblo; pero no tuvieron demasiado éxito.  Es en estos momentos cuando el hijo del Rey se presentó con deseos de recibir en secreto instrucción en la fe.  Se necesitaba mucha prudencia, ya que este joven era considerado como el heredero.  En medio de la crisis, el P. Chanel meditaba las palabras proféticas del Fundador.

“Cuanto más tengamos que sufrir, tanto más mérito conseguiremos.  Las obras de los hombres no son como las de Dios.  Los trabajos apostólicos necesitan pasar por la cruz, para ser purificados y acrecentados.  Dios tiene su propio tiempo...Llénate pues de fe y de resignación; atrévete con valentía a ver y a juzgar las cosas con los ojos de Dios.  El tiene en cuenta todos tus momentos de angustia, todos tus sacrificios...Con abnegación, paciencia y buena voluntad, trabaja solamente por El y no para que los hombres te alaben... Cuando misionero ha sido purificado por el sufrimiento y la abnegación propia, se olvida de todo lo que ha quedado atrás y continúa empujando sobre lo que está por delante, buscando sólo el bien de las almas.  Piensa en el Salvador del mundo.  Como tú y ciertamente más que tú, El soportó ultrajes, persecuciones y privaciones.  Fue condenado a muerte por los mismos hombres que venía a salvar.  Para participar en su triunfo, primero debemos compartir sus sufrimientos.  Al menos, a mí no me asustan las tormentas.  Son útiles y necesarias para realizar la obra de Dios, incluso a veces pueden hundir un barco mal construido, pero el barco que es sólido y bien hecho puede encaminarse a puerto…Que no os falte ánimo”.

 No podemos imaginarnos lo alentadoras que debieron ser para Pedro Chanel estas palabras, cuando se encaraba a sus últimos días aquí en la tierra.  El Rey, pronto descubrió que Meitala, su hijo y heredero, recibía instrucción en la choza del Misionero.  Esto era ya el colmo.  Con muchas cautelas organizó un complot.

 El 28 de abril de 1841 un puñado de asesinos irrumpió en la choza del misionero pidiendo una pomada y vendas.  Mientras el P. Chanel se disponía a buscarlas se abalanzaron sobre él golpeándole y hendiendo una azuela en su cráneo.  Antes de producirse el desenlace fatal se le oyó musitar entre dientes: “La muerte es un bien para mí.  La muerte es un bien para mí”.

 Mirado con criterios humanos, Pedro Chanel fue un fracasado; lo mismo que Nuestro Divino Salvador y tantos otros apóstoles y misioneros... Este fracaso no es otra cosa que un éxito retrasado.  El Obispo Pompallier dispuso que los restos del mártir fuesen trasladados a su Francia natal.  No mucho tiempo después, el Rey y algunos de sus secuaces morían de una enfermedad repugnante.

El P. Servant, amistosamente recibido por la gente de Futuna, vino a recoger la cosecha que tan penosa y esforzadamente había sembrado Pedro Chanel.

 La gente de Futuna, lo mismo que sus vecinos de Wallis perseveran en la fe católica.  Unos años después del Vaticano II pidieron a las autoridades maristas el retorno a la isla de las sagradas reliquias de su apóstol y mártir.  El P. Joaquín Fernández, futuro General de la S.M., tuvo el privilegio de realizar este deseo de los Futunianos.  Fue una peregrinación cargada de nostalgia.  En el mismo lugar del martirio se levanta hoy una hermosa basílica como un firme centinela de la esperanza, en la inmensidad del Pacífico.  Las islas conforman una diócesis con su propio obispo nativo y un grupito no pequeño de diócesis con su propio obispo nativo y un grupito no pequeño de sacerdotes y religiosas, algunas de las cuales se han unido al Carmelo de Samoa.  Para Pedro Chanel son suficientes las palabras de otro gran misionero francés “Cruza el mundo, salva un alma y muere...” (Cardenal Lavigerie).

 Beatificado por el Papa León XIII el 17 de noviembre de 1889, Pedro Chanel fue canonizado por el Papa Pío XII, durante las celebraciones del Año Mariano de 1954: y en seguida fue proclamado Patrón de Oceanía.  Sus reliquias fueron colocadas en el Altar Mayor de la Basílica de San Pío X de Lourdes al lado de las de San Bernardo.  El florecimiento de las misiones de Oceanía se atribuye el ejemplo y a la intercesión de San Pedro Chanel.  Su inspiración se conserva viva para todos los sacerdotes y religiosos, donde quiera que ellos trabajen ya sea en su patria o en ultramar.  ¡Ojalá! ¡se fijen en su fe viva, serenidad y ánimo infatigables!  De esta forma quedará garantizado el éxito de su apostolado. “¡Qué hermosos son sobre los montes (cruces, sufrimientos, frustraciones...)  los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “Tu Dios es Rey!”  (Is. 52,7)

 DÍA PRIMERO:

Pedro Chanel:  Estudios y carácter

 Cuando Pedro Chanel era niño, no abundaban las escuelas, y las pocas que había no estaban al alcance de los muchachos campesinos.  Pedro Chanel ayudaba a sus padres en los trabajos del campo.  Afortunadamente en aquellos tiempos la mayoría de la gente acudía a los actos organizados por la Parroquia.  Desde la Iglesia se impartía una buena formación religiosa a los niños y a los jóvenes.

 

Pedro Chanel visitaba todos los domingos el hogar de su hermana mayor que estaba casada y vivía en Cras.  Así fue como Pedro sin darse cuenta se vio atraído por la simpatía del P. Juan Trompier.  Este buen Padre, antes de recibir la ordenación sacerdotal había sido maestro.  Impresionado por las dotes del muchacho, le animó a pedir el consentimiento de los padres para acudir a la escuela parroquial de Cras.  Así lo hizo Pedro Chanel y a partir de aquel momento hizo grandes progresos.  No fue el único.  Por lo menos doce sacerdotes recibieron su primera formación de manos del P. Trompier.  Un testigo, que conocía bien el asunto acostumbraba a decir: “ Fue el P. Trompier quien puso en Pedro Chanel, lo que sería más tarde”.  El mismo, años más adelante confeso:  “El P. Trompier es después de Dios la persona a la que más debo la alegría de ser sacerdote”.

Pasó la etapa de la escuela parroquial.  Pedro fue al Seminario.  Allí se dedicó con ahínco a sus estudios.  No poseía una inteligencia brillante, pero gracias a su tesón pudo pasar con éxito todos los exámenes.  Como se daba cuenta de que para ser un buen sacerdote no era suficiente una sólida formación intelectual, cultivó con mucha fidelidad los ejercicios de piedad que marcaban el ritmo diario del seminario.  Esto no lo hacía por rutina sino por convicción.  Dice el Salmo: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”.

 Pedro era un muchacho de reconocida sensibilidad y muy amable con todo el mundo; pero cuando lo requería el caso era un hombre firme y decidido.  En cierta ocasión uno de sus condíscipulos trató de involucrarle en la crítica de un sermón predicado por uno de los profesores del Seminario.  Su respuesta fue contundente: “Cuando vengo a la Iglesia, dejo la retórica a la puerta; porque el Señor dice: “El que a vosotros escucha a mí me escucha...”

En otras situaciones, Pedro Chanel sabía tener presencia de ánimo y aplomo como lo demuestra la siguiente anédocta:  En cierta ocasión viajaba en el mismo vehículo que los obreros de una fábrica.  El tema de conversación no era precisamente edificante.  Intuitivamente recordó aquellas palabras de Pablo “Que tales cosas ni siquiera se mencionen entre vosotros”.  Decididamente se volvió hacia sus compañeros de viaje y les dijo:  “Es una lástima que ustedes no hayan traído un poco de algodón de la fábrica ,todos los trabajadores entendieron perfectamente la indirecta y cambiaron de conversación.

 Como todos los jóvenes, pasó por momentos de desaliento.  Tenía 15 años y  estudiaba en Cras.  El P. Trompier se había ausentado de la Casa Parroquial urgido por sus deberes pastorales.  Aquel día Pedro se sintió especialmente abrumado por el trabajo de la escuela y por un futuro no demasiado halagador... Sin pensárselo dos veces reunió todas sus cosas, hizo un paquete y se dispuso a abandonar....Cuando ya se alejaba de la aldea se encontró casualmente con una colaboradora del Padre que el convenció para que hiciese una visita al Santísimo  María.  Pedro obedeció y unos instantes más tarde recuperaba la calma y el ánimo.  En la Iglesia de Cras hoy encontramos una capilla dedicada a San Pedro Chanel y allí se puede venerar la estatua, ante la cual el Santo abrió su   corazón en aquellos momentos críticos.

 Incluso  antes de partir para Oceanía, tal vez impresionado por las relexiones de un tío suyo, se mostraba indeciso acerca de su idoneidad para las Misiones.  El Superior del Convento de Belley le tranquilizó con estas palabras: “ ¡Anda  ya!.  ¿ Y en estos momentos vas a renunciar a la palma del apostolado y tal vez a la palma del martirio?.  Estoy seguro que no vas a rechazar la llamada  de Dios.  Así que, anímate; no lo dudes más.  Vete a Oceanía...Cuentas con nuestras oraciones, y en las tuyas, no te olvides de nosotros.

 Unos días más tarde escribía a uno de sus amigos: “Se me hace larga la espera.  Incluso si yo tuviera un millar de vidas, no me pesaría entregarlas todas por la salvación de los habitantes de Oceanía.

 Las palabras ardientes del Apóstol de los Gentiles mantenían alta su moral:  “En el cumplimiento del deber: no sean flojos.  En el Espíritu sean fervorosos, y sirvan al Señor.  Tengan esperanza y estén alegres.  En las pruebas sean pacientes.  Oren en todo tiempo (Rom.12.11 y 12) “Que nadie tenga que sufrir por asesino o ladrón, malhechor o delator.  En cambio, si alguien sufre por ser cristiano, no se avergüence, sino dé gracias a Dios por llevar el nombre de cristiano” (1 Pet. 4,15).

 Con entusiasmo él leyó aquellas hermosas palabras del Sirácides (51,12-13) “Te daré gracias y te alabaré; y bendeciré el Nombre del Señor.  En mi juventud, antes de mis viajes, busqué sinceramente la sabiduría en la oración: en la entrada del santuario le pedí y hasta el fin de mis días la buscaré”.

 DÍA 2º:  LOS PRIMEROS AÑOS DE PEDRO CHANEL COMO SACERDOTE

 Antes de ingresar en la S.M. el P. Chanel fue, primero coadjutor de la Parroquia de Amberieu, durante un año y luego párroco de Crozet.  En aquellos tiempos, dada la escasez de sacerdotes, no era raro que un sacerdote recién ordenado fuese nombrado para puestos de responsabilidad.

 

Su programa pastoral nos recuerda mucho al de Juan María Vianney, el célebre cura de Ars:  Profunda devoción a Jesús sacramentado y a Nuestra Señora; cuidadosa preparación de los sermones, abundante instrucción religiosa a los niños y jóvenes; visita a todos los hogares de la parroquia y....tiempo para estar a solas con el Sagrario.  Unos años más tarde un sacerdote nativo de Crozet afirmaba que cuando un feligrés refiriéndose a un sacerdote quería expresar que era merecedor de todo su afecto y estima decía simplemente:  “Es otro Chanel”.

 Durante el tiempo que estuvo en el colegio de Belley mucha gente acudía a él en busca de consejo y Dirección Espiritual.  Los sacerdotes amigos solicitaban unos días de retiro dirigidos por él.  Más de una vez tuvo que levantarse a media noche para atender casos de emergencia en el Hospital que estaba al otro lado de la calle.  Los sacerdotes de los alrededores le invitaban a celebrar la Misa o a predicar en la Fiesta Patronal.  Al menos una vez siendo joven sacerdote predicó en la Catedral los días señalados de la Semana Santa.  Años más tarde el Obispo Mons. Devie ponderaría su elocuencia persuasiva, combinada con la sencillez y la modestia.

Para Pedro Chanel “Hablar de Dios, y no mencionar su misericordia era algo inconcebible.  El predicador que así lo haga, es mejor que permanezca callado”.

 El P. Martindale, en sus memorias dice que en sus viajes tenía la costumbre de relacionarse con la gente.  En el viaje que le llevó a Futuna su deseo de entrar en contacto con el personal del “Delfine” estaba difícil.  Tanto el Capitán como los marineros eran groseramente anticlericales.  Cuando llegaron a Santa Cruz de Tenerife, en las Canarias, el barco permaneció amarrado a puerto 50 días.  Tanto el Obispo Pompallier, como los misioneros tuvieron que dormir sobre el duro suelo de una casa alquilada a un trabajador.  Los misioneros declinaron la hospitalidad que gentilmente les ofreció el Obispo de la ciudad.  Los Maristas querían acostumbrarse a  las penalidades de la Misión.

 Para poner las cosas peor, se desató una terrible fiebre que hizo estragos en la isla.  El Benjamín de la expedición, el P. Claudio Bret  fue agarrado por la fiebre.  Al fin, el capitán permitió a los misioneros regresar a sus camarotes de 7 x 4 pies.  La paciencia y la bondad de los misioneros hizo mella en una parte de la tripulación.  Todos los marineros asistieron al funeral del P. Bret en algún lugar del Atlántico al norte de las Malvinas.  Al llegar a Valparaíso aquellos rudos hombres ya habían sido ganados.  Muchos de ellos SE confesaron y recibieron la comunión.  Este fue el primer trabajo misionero de Pedro Chanel y de sus compañeros.

Poco después subían a bordo del vapor “Europa”.  La tripulación era americana, de religión protestante; hostiles, al principio, pero muy pronto la simpatía del obispo y de los misioneros les hizo cambiar de actitud.  Luego Chanel organizó su propio retiro anual.  En Tonga, se les unió un jóven llamado Tomás Boag, probablemente escocés, que tomó la decisión de vivir en Futuna.  El P. Chanel halló en él un valioso colaborador.  Con él continúo el aprendizaje de la lengua inglesa que había comenzado en L’Havre y Valparaíso. Poco a poco el joven Tomás fue convirtiéndose en un amigo fiel y servicial.   Fue bautizado bajo condición la víspera de todos los Santos de 1840; y al día siguiente, en presencia de un gran número de Futunianos asistió a la Misa Solemne y recibió su Primera Comunión.  Esto fue un acontecimiento significativo para el P. Chalen que invitó a los nativos a seguir el ejemplo.

 Las otras 45 personas que figuran en el Libro de Bautismos, cuyos nombres él escribió lleno de gozo eran niños o adultos en peligro de muerte.

 DÍA 3º   SAN PEDRO CHANEL Y LOS JÓVENES

 Juan Claudio Colín, el Fundador de la Congregación de los Padres Maristas, en una de sus Cartas Circulares dirigidas a los educadores les ponía en guardia frente a la tentación de buscar una cierta popularidad entre los alumnos.  Pensad más bien, les dice, en aquellos valores que los jóvenes adultos de 25 o 26 años pueden estar necesitando.

 Pedro Chanel fue un hombre sereno y tenía un perfecto demonio de sí mismo.  Se vivían tiempos difíciles en Francia.  El espíritu de la revolución lo había invadido todo: ciudades y campos.  Recordemos que el P. Colín todavía relativamente joven, tuvo sus dificultades el primer año como Superior del Colegio de Belley.  Acertó a descubrir pronto a los alborotadores y los expulsó enérgicamente.  Pero el cardo de Superior nunca fue un puesto cómodo ni para él, ni para su sucesor el P. Chanel. Todos los Colegios de Secundaria tenían similares problemas.

 Chanel puso empeño en la formación de pequeñas Asociaciones (una especie de Acción Católica, dentro de la escuela). Varios muchachos le eligieron como su Director Espiritual y como Confesor.  Uno de sus dirigidos escribía más tarde: “Era como si atrapase tu corazón entre los pliegues de su caridad transparente para luego impulsarte hacia el cielo... Consiguió que la virtud fuese valorada por sí misma de tal modo que algunos deseaban cultivar la misma virtud...”  En cierta ocasión dirigió a los estudiantes la siguiente alocución: “Muchachos pongan de su parte todo lo que les sea posible para que este Colegio sea el segundo hogar de ustedes.  Deseo que aquí se sientan queridos y felices.  Espero que sus almas se desarrollen bajo la gracia de Dios, y que su carácter se fortalezca... Esto no significa que nunca tengan que hacerse violencia a ustedes mismos, que no tengan que sufrir.  Las sendas del aprendizaje y de la virtud nunca están exentas de espinas.  Sería pedir lo imposible, porque la escuela ha sido definida como un entrenamiento para la vida.  Acostúmbrense por ustedes mismos y por adelantado, a sufrir y a soportar”.

 No pocos ex-alumnos le escribieron a la lejana Futuna.  A uno que le pedía consejo le llegó esta respuesta: “Me alegra ver que estás interesado por tu salvación.  Mantén el ánimo firme y sigue por las sendas de Dios hasta el final. Sólo si perseveramos podremos lograr la salvación.  Aquí tienes unas pocas reglas que yo espero te sean útiles:  Por la mañana, al despertarse dedica unos minutos a la oración y a la meditación; pensando así en tu corazón estás recordando cuáles son tus deberes y te estás preparando para cumplirlos.  Ve a confesarte por lo menos una vez al mes; nunca te acuestes con un pecado mortal sobre tu conciencia.  A la edad de ustedes, el alma es a menudo débil, pero con principios claros, arraigados en el carácter, el arrepentimiento viene enseguida... Mantente en guardia contra los libros peligrosos y las malas compañías.  No estés demasiado ocioso.  El trabajo nos fortifica contra los ataques del diablo, que así siempre te encontrará ocupado.  Joven y fortachón, como eres, debes acostumbrarte al pensamiento de la muerte.  Es la manera de evitar el pecado y de practicar la virtud.  ¡El recuerdo de la muerte sólo atemoriza al culpable  !. sobre todo, mi querido hijo, ten un amor filial a la Virgen María.  Nunca está demás repetir que un devoto de María nunca perecerá.

 Con esta convicción, Chanel, Maestro y guía del joven, leyó estas ardientes palabras de San Juan: (1Jn. 2,14-17) “Jóvenes les he escrito porque son fuertes y la Palabra de Dios permanece en ustedes que ya han vencido al Malo.  No amen al mundo, ni lo que hay en él.  Pasa el mundo y toca su codicia, más el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.

 Esta carta de Futuna nos hace recordar otras dos citas que él a menudo meditaba:  “En todos tus trabajos recuerda tu destino y no peques”.  Todas las noches antes de retirarse lee el aviso de san Pedro: “Sean sobrios, estén despiertos, porque su enemigo el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanle en la fe” (1 Pet. 5,8-9).

 A menudo recomendaba a sus alumnos que al acostarse no olvidasen las tres Avemarías y la invocación al Ángel de la Guarda.

 DÍA 4º MENSAJE DEL P. COLÍN A LOS PRIMEROS MISIONEROS Y A TODOS AQUELLOS QUE DESEAN SEGUIR SUS HUELLA.S

 Que la gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo y la poderosa intercesión de nuestra tierna Madre, estén siempre con ustedes y les acompañen por doquier...

 Estos son los sentimientos de mi corazón hacia cada uno de ustedes y los renuevo con frecuencia y con agrado ante el Altar, pensando en ustedes...Dios no me permite, amados hermanos, compartir sus trabajos, penas y méritos; ni tampoco puedo acompañarles en esa tarea tan noble... Ya que no puedo compartir esa dicha de ustedes que, se lo confieso, a menudo suscita en mi cierta envidia secreta, permítanme al menos que de nuevo les dé algunos consejos... Esos consejos les podrán ser de gran utilidad, y si no, por lo menos, una prueba de mi afecto y de mi solicitud.

 No confíen nunca en ustedes mismos, ni siquiera en los momentos de éxito.  Confíen tan sólo en Jesús y en la Virgen María Cuanta mayor sea la desconfianza en sus propias fuerzas y la fe en Dios, tanto más atraerán sobre ustedes las luces y las bendiciones del cielo.  Al hombre de fe, que confía en Dios, anda ni nadie lo hará vacilar.  Cuando se vea rodeado de los mayores peligros no será ni apocado ni temerario.  Repetirá constantemente: “Se de quien me he fiado”, “todo lo puedo en aquel que me da fuerza”.  Recuerden que el éxito de su misión depende únicamente de la fe y de la confianza que pongan en Dios.

 No apaguen la referencia al Salvador del mundo. En su Nombre marchan “Yo les envío”.  Siempre estará con ustedes, como con los Apóstoles. Si, mis queridos hermanos, “empápense” bien de este pensamiento: Cristo estará con ustedes en los trabajos y en los viajes, lo mismo por mar que por tierra, en la tempestad y en la calma, en la enfermedad como en la salud.  Si tienen hambre o sed, El también tendrá hambre o sed; A EL será a quien reciban o rechacen en la persona de ustedes; al que persigan, si les persiguen.

 Sean hombres de oración...Convertir un alma es más que resucitar un muerto y eso sólo se alcanza con la oración.  Rueguen, pues, constantemente por la conversión de los infieles.  Que todos los días sus oraciones, sacrificios y todos sus actos, estén orientados hacia ese fin.

Nada les diré de la confianza que deben tener en María, ni del celo con el que deben contribuir a hacerla conocer y venerar.  Son sus hijos.  Jamás deben olvidarlo.  Bajo su bandera emprenden el viaje.  Véanla siempre al frente y en medio de ustedes.  Por muy ocupados que estén no dejen pasar un solo día sin rezar, por lo menos, algunos misterios del rosario.  Sin perder tiempo pónganse bajo su manto y conságrenle la isla en la que desembarquen, y colocando en un lugar visible alguna medalla o estampa de la Reina del Cielo, como signo de su toma de posesión sobre la isla y de que se la han consagrado.

Recuerden igualmente que San José es el segundo patrono de la Sociedad y que cuantos acuden a él, muy pronto experimentan los efectos de su poderosa intercesión.

 En todos los lugares y circunstancias en las que se encuentren sean sencillos, humildes, y pobres; no obstante, sean limpios en el vestir y en el porte exterior.  Nada más conforme con el espíritu de la Sociedad que la sencillez exenta de toda pretensión en el porte y en los ademanes.

 Manténganse unidos y no discutan nunca entre ustedes, pues son miembros del mismo cuerpo, cuya cabeza es Jesucristo.  Las penas y tribulaciones, lo mismo que las alegrías de sus hermanos deben hacerlas propias.  Esa unión perfecta será la mejor señal de que realmente son humildes, apóstoles de Dios que es Amor y verdaderos hijos de María.  No olviden que es muy meritorio anteponer la opinión de los demás a la propia, con tal de que la gloria de Dios quede a salvo.

 Por encima de todo, amadísimos en el Señor, jamás busquen sus intereses, sino únicamente los de Cristo, obrando siempre con recta intención.  Este es un punto capital, que a menudo debe ser objeto de sus meditaciones.  Así y solamente así, ganarán infaliblemente la corona del apostolado.  Muestren también el mayor respeto hacia los demás religiosos y hacia los sacerdotes diocesanos, considerando como suyo el bien que hacen ellos, siendo deferentes con ellos, ayudándoles siempre que lo necesiten, tratándoles con honradez, sencillez y humildad.

 Finalmente confíen en la oración: por desgracia, nuestras plegarias no son muy dignas de llegar hasta el Trono de la Gracia; pero María es nuestra Madre.  Sus virtudes y méritos nos pertenecen.  Ofrezcan a Jesucristo el inmenso tesoro oculto en el Corazón Inmaculado de la Madre.  El que les ha escogido y el que les prepara para la lucha, es el mismo Jesucristo.  Él es quien pone en sus manos el poder de su cruz... Ofrezcan al eterno Padre los méritos de su Madre.  Tengan la seguridad de ser escuchados cuando vayan a Jesús por María y al Padre por Jesús.

 Termino por donde empecé, deseándoles la paz, el amor de Jesús y de María.  Sean valientes, nunca dejen entrar en su alma sentimientos de temor ni de melancolía: “Alégrense siempre en el Señor ... “ Les abrazo con todo cariño y prometo ayudarles con las oraciones de toda la comunidad.......

 El P. Chanel leía a menudo estos consejos de P. Fundador.  Los tomó como regla de vida y mostraba su agradecimiento por recibir “tan sabios consejos.  Que los corazones de ustedes sean tan ardientes como el clima en el que viven”.

 El mismo se atrevió a dar sabios consejos a algunos superiores:  A uno de ellos les escribió “Si tomas decisiones, sin pasarlas por el tamiz de la oración, molestarás siempre; caerás en muchas contradicciones y trabajarás en vano... Sólo en la oración encontrarás ánimo, paciencia, amabilidad y firmeza suficientes... En el clima de la oración aprenderás a gobernar con dulzura.  En el silencio de la oración Dios cambiará tus actitudes y en su lugar El pondrá las suyas.

 5º DÍA: “Cuando un amigo se va... algo se muere en el alma”

 Una vez concluidas las tareas del Colegio y preparados todos los asuntos para el traspaso de poderes a su sucesor, llegó el momento de las despedidas.

 Pedro Chanel insistió en visitar los Seminarios que él había conocido y amado:  Amberieu. Brou, Cras, Crozet, Montrevel y ...La Potiére, Parroquia que le vio nacer y en la que vivía su madre, viuda desde hacía poco tiempo.  Hizo también una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Fourviére, íntimamente asociado a la promesa de los primeros maristas.  Después visitó en Belley a Mons. Devie.

 Este obispo era el primero que gobernaba la Diócesis, después de la restauración de la misma.  Era un pastor celoso y clarividente.  El mismo había nombrado a Juan María Vianney para que revitalizase la fe en Ars; tenía en mucha estima a Colín y a Chanel.  Este fue el mensaje con el que despidió al joven misionero.

 “Así pues, nos dejas.  Al fin, ves cumplidas tus aspiraciones de tantos años.  ¿Necesito decirte que tu partida es la primera contrariedad que tú me causas?  No obstante, yo me alegro por tí.  Estoy seguro que estás cumpliendo con la voluntad de Dios.  Él es el que te está llamando ahora.  Más de una vez te he contrariado al oponerme a tus deseos de partir para las Misiones.  (Antes de ser nombrado párroco de Crozet, Pedro Chanel había hecho gestiones para alistarse en una Misión necesitada en América del Norte (Dubuque); al fallarle esto intentó unirse al P. Bonnard para irse a las Indias Orientales.)  Yo soy el culpable de haber retrasado tu labor misionera, sólo porque quería estar seguro de que se trataba de una llamada extraordinaria de Dios.  Es hermoso saber que te has preparado con el ejercicio del sagrado ministerio, aquí en tu diócesis de origen.  La Providencia se ha encargado de irte preparando:  te ha dado una Congregación religiosa.  La tarea que vas a empezar es ciertamente muy hermosa, pero también muy difícil.  Prepárate para hacer frente a numerosas privaciones y a muchos sufrimientos.  Pero ten ánimo.  La Virgen María te ama con un amor muy especial.  Ella te sostendrá en todos tus trabajos por Jesús.  Así superarás cualquier dificultad.  Adiós, Arrodíllate para recibir mi bendición.  La bendición de quien no te volverá a ver más, aquí en la tierra.”

 Se dice que el Sr. Obispo vertió lágrimas cuando Chanel cruzaba el umbral de la puerta.

Comprendemos perfectamente que la despedida más dolorosa fue la de su madre, que había enviudado hacía muy poco.  La última noche que pasó en casa, Pedro Chanel  y su madre compartieron muchas cosas en la intimidad.  Pedro le mostraba todas sus ilusiones y le pedía que le recordase todos los días en sus oraciones.

A la mañana siguiente, ella se levantó muy temprano y cuando fue al cuarto de su hijo, descubrió que ya se había ido.  Poco tiempo después, Pedro Chanel exponía sus razones a un amigo: “Deseaba ahorrarle el último sufrimiento.  ¿Le has entregado el mensaje de despedida explicándole por qué actúe así?  Sabe muy bien que, si para ella era doloroso verme partir, igualmente para mí era insoportable separarme de ella.  Dios todopoderoso la premiará.  Dile que mi amor por ella se ha incrementado.  Nunca la olvidaré en mis Misas, ni en mis oraciones”.

Periódicamente escribía a su madre, tanto durante su viaje, como desde Futuna.  Un poeta contemporáneo canta:

 Una madre es siempre una madre; la cosa más santa de la tierra”

 Nota

Pedro Chanel y sus compañeros llegaron al puerto del ‘Havre el 27 de octubre, pero el barco que había de llevarles a Valparaíso no zarpó hasta la víspera de Navidad.  durante estos casi dos meses, los misioneros fueron huéspedes de la Sra. Dodard.  Esta señora tenía una casa grande y en ella alojaba gratuitamente a todos los misioneros que se encontraban de paso en la ciudad, esperando la partida de un barco para irse a las Misiones.  Se trata de una gran benefactora de las Misiones, lo mismo que Paulina Jaricot, Fundadora de la Obra de la Propagación de la fe.  Sin duda alguna su recompensa será muy grande en el Reino de los cielos.

 Debieron ser muy pesados estos días de espera en el puerto ya que se encaraban a una misión totalmente desconocida.  Nos vienen a la mente los versos de santa Teresa de Jesús, la gran Doctora y poetisa Mística.

 Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta:

Sólo Dios basta

 

6º DÍA: UN HOMBRE DE ORACIÓN. -

 Leyendo el diario que Pedro Chanel escribió en la Misión de Futuna constatamos que comienza siempre haciendo un repaso de la jornada con palabras parecidas a éstas: Levantarse a las 5.30; oración y meditación.  (En Francia se hubiera levantado a las 4.30; pero en Futuna, debido a la falta de lámparas, era necesario aguardar a la luz del día).  Un detalle es seguro: la dedicación de un tiempo conveniente a la oración, tal como el P. Colín había inculcado en todos los maristas.

 “Deseo decirles algo que me es muy querido: Sean hombres de oración.  Recen constantemente.  Recen mucho los unos por los otros.  Para conseguir algo que merezca la pena, tienen que rezar.  El sacerdote auténtico, que ama a Dios mete el mundo entero en su oración.  El que sólo reza por sí, tiene un corazón escogido y mezquino.  Las gracias que reciba estarán en relación con la estrechez de su corazón... La oración consigue conversiones...

Las almas convertidas en Oceanía serán el fruto de nuestras oraciones.  Orar es una manera de hacer el bien, permaneciendo “Ocultos y desconocidos”.  La Virgen María no hacía mucho ruido, pero rezaba mucho.  La oración es la savia que recorre el árbol y le proporciona los frutos a su tiempo; es el aceite que mantiene la llama encendida en la lámpara.  El que vive en la presencia de Dios, reza continuamente.  Hagan bien lo que tienen que hacer y cumplan la voluntad de Dios.  Resumiendo:  Sean fieles a sus oraciones ordinarias y todo les irá bien”.

 Estos principios eran compartidos con Pedro Chanel desde sus tiempos de estudiante, como se desprende del testimonio de sus profesores y compañeros.  Presentamos un testimonio, como botón de muestra.  Los HH. Maristas tuvieron el privilegio de proporcionar a Pedro Chanel un fiel compañero, el Hermano Nizier, que seguramente hubiera sido martirizado con él de haberse encontrado en su compañía el 28 de abril.  Un día antes se había desplazado a Sigavé, al otro extremo de la isla, para visitar a los enfermos y bautizar a los moribundos.  La gente de Sigavé eran sus mejores amigos.

 He aquí el dibujo rápido que el Hermano Nizier hace de nuestro héroe: “Después de sus trabajos misionales, bajo un sol abrasador y pasando hambre, volvía a casa sudoroso y rendido de cansancio, pero con gran alegría y entereza de ánimo, como si viniera de un lugar de recreo, y esto no una vez, sino casi todos los días.

 No solía negar nada a los indígenas, ni siquiera a los que le perseguían, excusándolos siempre y acogiéndolos, por rudos e incómodos que fueran. Era de una dulzura de trato sin par y con todos.  No es extraño que los indígenas le llamaran “el hombre de gran corazón”.  Él decía muchas veces al hermano: “En esta misión tan difícil es preciso que seamos santos”.

La víspera del martirio, antes de enviar al hermano a cumplir un deber misionero a Sigavé señalaba: “No importa que yo muera; la religión de Cristo está ya tan arraigada en esta isla que no se extinguirá con mi muerte.

 Podía haber añadido las observaciones de San Francisco Javier el gran patrón de los misioneros: “El peligro mayor de todos es que no confiemos lo bastante en Dios”.

Siempre se sintió animado por las palabras del primer Papa, aprendidas de memoria en el Seminario: “Por eso alégrense, aunque por un tiempo quizás les sea necesario sufrir varias pruebas.  Su fe saldrá de ahí probada, como el oro que pasa por el fuego. Entonces será motivo de alabanza, de gloria y de honor para Dios”. (1 Pe, 1,6)

 

 7º día. - PACIENCIA EN MEDIO DE LA EXTREMA POBREZA.  EL DRAMA FINAL

 “Dios nos conforta en todas nuestras tribulaciones” (San Pablo).  Mons. Pompallier había prometido a Pedro chanel con demasiado optimismo regresas a Futuna con otro misionero, en el plazo de seis meses.  Le fue imposible cumplir tal promesa. Esto ciertamente fue un grave contratiempo; pues dejó comprometida la credibilidad del P. Chanel y del Hermano Nizier a los ojos de los nativos de Futuna.  No obstante, el 8 de mayo de 1839, el Padre Chanel y el Hno. Nizier tuvieron la alegría de dar la bienvenida a 5 misioneros que se encaminaban a otros destinos.  El P. Epalle (futuro Obispo) nos ha dejado las impresiones de lo que él vio:

 “Vi de nuevo a aquel ángel de paz y de caridad... ¡Cómo me impresionó su amistosa sencillez!  A medida que nos íbamos acercando a la choza más humilde, lo vimos a él que venía a nuestro encuentro para darnos la bienvenida; y así penetramos en su hogar futuniano.  No era exactamente la casa de Nazaret, porque, aunque pobre, aquella santa morada estaba modestamente amueblada y tenía algunos utensilios de cocina; la celda del Profeta Elías tenía una cama, una silla, una mesa y el lugar para poner una lámpara.  En la habitación del P. Chanel todo lo que nosotros pudimos ver fue un Altar de tosca madera, el tronco de un árbol por almohada, algunos trozos de tela metálica para defenderse de millones de mosquitos. El piso estaba empedrado de cantos rodados, cogidos a la orilla del mar.  Nos llamaron la atención la ropa harapienta, los ornamentos para celebrar la Misa, unas pocas herramientas para trabajar en el huerto y un hacha, que con el tiempo sería usada para consumar su martirio.  Tal era el contenido de esta choza.  El huerto tenía varios árboles frutales, pero todo el mundo sabe que los indígenas venían a robarle los frutos en cuanto maduraban.  No tenía cocina.  El acoso permanente al que estaba expuesto la hacía innecesaria.  El horario de las comidas dependía del humor del Jefe (¡El Rey!).  Muchos días él y el hermano experimentaron la mordedura del hambre.  Compartían la convicción   de San Francisco Javier.  “Experimentar la soberana bondad de Dios, es nuestro único consuelo en este valle de lágrimas.  Si no fuera por la experiencia de Dios a través de la oración, la vida sería intolerable”, pero gracias a ella tranquila y en silencio he mantenido mi alma. (Salmo 131,2 (130)”

 El P. Chanel continuó trabajando y luchando con más ahínco que nunca.  Meitala, hijo y heredero de Niuliki, se estaba acercando a la fe, como catecúmeno.  Pero como dice el salmo: “Los príncipes celebraban consejo contra el Señor y contra su elegido”.  El miedo y la superstición empujaron al Rey y a sus esbirros a buscar una ocasión para matar al sacerdote extranjero y así evitar que su religión acabase robándoles toda influencia sobre los naturales Futuna.

 Es el 28 de abril de 1841, por la mañana.  Se le acerca Musu-Musu, el asesino y le pide una venda para curar una herida.  Cuando el P. Chalen entra a buscar la venda ve cómo dos indígenas le están robando.  Les llama la atención y ellos responden descargando sus rompecabezas sobre el hombro del Padre.  Después le golpean en la cabeza, que para los Polinesios es una afrenta muy grande.  Por fin, mientras el Padre musitaba: “Está bien; está bien.  La muerte es un bien para mí.  La muerte es un bien para mí”, el cabecilla del grupo agarra una azuela y la clava en el cráneo del sacerdote.  Así era cómo estaba destinado a entregar su alma a Dios.  Quizás tuvo un presentimiento de todo esto, lo mismo que Nuestro Señor en el Huerto Getsemaní, cuando un poco antes de abandonar la ciudad de Belley, tuvo unos momentos de duda: “Padre, que pase a mí este cáliz (de sufrimiento) .... pero que no se haga mi voluntad, si no la tuya”.  Unos años antes, predicando en Amberieu, inesperadamente comenzó a rezar y dijo en voz alta: “Padre celestial, que se haga en mi vida lo que tú quieres: corta, trocea, quema, ...  con tal de que yo pueda alcanzarte después”.   “Si morimos con El, viviremos con El... si nos mantenemos fieles, reinaremos con El”.

 Ninguna dificultad pudo desviar su firme decisión de ser un misionero de Jesús, el Buen pastor, bajo la bandera de María.

 8º día: TESTIMONIO OBJETIVO

Este es el resumen de las conclusiones a las que llegaron el grupo de Teólogos Romanos, designados para examinar cartas, diarios y otros escritos de Pedro Chanel:  Todo esto fue escrito no por vanagloria, sino más bien para obligarse a sí mismo, a buscar la perfección al hacer repaso de los acontecimientos de cada día.

 Los manuscritos, después de un estudio grafológico, nos muestran con detalle, las pruebas y dificultades que se interponían entre él y la consecución de su único objetivo: la conversión de la gente de Futuna.  Sus palabras claramente atestiguan, como en un espejo, la fe y la caridad, que llevaba encima, las dificultades que gozosamente soportaba. (Se deben examinar detenidamente las cartas y diarios de Futuna, para darse cuenta de que su carrera misionera, día a día, le exigía un grado heroico de paciencia.

Todo lo que él escribe, no solamente está de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, sino que manifiesta también su celo ardiente en la propagación de la fe.  Era una persona que trataba por todos los medios de conseguir su objetivo; un hombre verdaderamente apostólico, que se despidió de las alegrías y de los honores que el mundo pudiera ofrecerle.  No quiso que la ternura y el amor profundo que sentía hacia su madre la apartasen de su camino.  Decididamente dijo adiós a los amigos y a sus hijos espirituales y se esfumó en el anonimato por la causa del Evangelio.  Juntamente con su intensa devoción a la Madre de Dios, su lema fue: “¡Que el Nombre de Jesús sea conocido y adorado en todos los países!”

 En la Misión para la que él fue destinado trabajó infatigablemente, como un buen soldado de Cristo y no le faltó su premio.  Pedro Chanel mereció la recompensa más valiosa: sellar con su propia sangre la fe que infatigablemente había proclamado.  La conversión de toda la isla de Futuna y la notable expansión de la Fe Católica en Oceanía Central, oriental y sud-occidental sólo se pueden atribuir y no en pequeña medida a la intercesión y al ejemplo de Pedro Chanel.

 Un Neozelandés, el P. Kevin Maher, compuso los siguientes versos dedicados a Pedro Chanel:

 “Ni el corazón, ni el hogar pudieron detenerle,

una vez escuchada la voz;

en el nombre de María desafío los mares,

para llevar lejos tu Palabra salvadora.

 

Estéril era el suelo que él sembró,

pero muy grande su amor a Tí.

Todos los días repasaba las cuentas

que formaban el Rosario del mártir

 No saboreó los premios del que cosecha,

 y aquel campo siempre árido,

merced a su sangre fue regado por la gracia,

y rindió una cosecha abundante y de calidad.

 Pastorcillo de Francia, que murió

para salvar a las ovejas sin pastor

Condúcenos a los umbrales del cielo,

morada segura más allá de las sepulturas.

 

Con un lenguaje mucho más sobrio el primer Marista que fue nombrado obispo, Pedro Bataillon, daba éste testimonio: “El P. Chanel fue nuestro superior durante el viaje y también fue nuestro modelo y ejemplo.  Siempre amable, siempre idéntico, afable y atento a todas nuestras necesidades; él nunca hubiera hecho mal a nadie.  Estaba pendiente de todos los que le habían sido confiados, siempre dispuesto a consolar y a dar ánimos.  Nunca le vimos enfadado.

 Cierto después de muchos años de combate interior consiguió esta actitud de serenidad y de dominio de sí.  Había hecho suya aquella frase de san Agustín: “Esté seguro de que la Divina Misericordia, nunca le abandonará, si usted persevera en la oración”.

 La Carta de Santiago dice:

“......estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas.  Ya saben que, al ser probada nuestra fe, aprendemos a ser constantes. Procuren pues que esa constancia perfecta se verifique con hechos, para que de ahí salgan perfectos e irreprochables, sin que les falte nada...” (Sant. 1,2-4)

 

9º DÍA: EL HOMENAJE DEL PAPA. -

 

El P. Chanel fue beatificado por el Papa León XIII el 17 de noviembre de 1889 y canonizado en el Año Mariano de 1954.  En esta ocasión el Papa Pío XII hizo la siguiente alocución que nos sirve como epílogo de la novena:

“A Pedro Chanel le cupo el honor de ser el primero en derramar su sangre por la fe cristiana en Oceanía.  Apenas había completado el sacrificio de su vida en la isla de Futuna, se recogió una tal cosecha de almas que nadie podía sospechar.  Pasó por la tierra con humildad, amabilidad, paciencia y caridad.  Su energía espiritual se alimentaba de un amor ferviente a Nuestra Señor.  “Amar a María y hacerla amar”, fue su deseo más ardoroso y el programa de su vida, incluso antes de llegar al sacerdocio.  De sacerdote se volcó en hacer volver a la práctica religiosa al pequeño rebaño a él confiado.  Pero su alma ansiaba otras tareas en el campo de las Misiones extranjeras.  Así, él decidió unirse reconocen a la Reina de los cielos como su madre y perpetua superiora y están decididos a conseguir la perfección apostólica y sacerdotal.  Durante cuatro años Pedro Chanel trabajó en la educación de los jóvenes.  Luego superando todos los afectos humanos, partió para Oceanía, donde el Evangelio todavía no había sido proclamado.  ¿Quién puede describir todas las pruebas físicas y espirituales que le aguardaban allí?  Los intentos de aprender la lengua y de adaptarse a las costumbres de la gente, la aparente falta de éxito, a pesar de todos sus esfuerzos, los malentendidos, la hostilidad velada o abierta, que tuvo que encarar - ninguna de estas experiencias pudo doblegar su admirable confianza... A los nativos de Futuna les mostraba una caridad y simpatía sin límites.  Ciertamente el ejemplo de su vida auténtica y mortificada, su incesante oración, sus pláticas oportunas, iban preparando el camino a la Gracia Divina.  Porque después que el mártir entregó su alma a Dios, las fuerzas del enemigo que se le oponían, dejaron libre el camino.

 Nuestra Santa Madre la Iglesia puede contar ahora con alegría almas numerosas y fervientes en aquellas lejanas islas Oceanía está allí para servir de ayuda a todos los misioneros, en cualquier campo que trabajen.  Que todos sean como él en estas virtudes que todos conocéis.  Porque el éxito final de vuestro trabajo está asegurado…”.

 

NOTAS

 En el acto de consagración de la Basílica de San Pío X de Lourdes (25-05-58) el cardenal Angelo Roncalali, a petición del Papa reinante, Pío XII, depositó en altar Mayor, reliquias de San Pedro Chanel al lado de las de San Bernardo de Claraval.  Debemos recordar que Pío XII guardaba muy cerca de sí el relicario que le presentaron los maristas el Día de la Canonización (1954)  Más tarde en el otoño de 1958, Angelo Roncalli sucedió a Pío XII en el solio pontificio con el nombre de Juan XXIII.  El, a su vez, encomendó a los maristas mantener su carisma y les exhortó ardientemente a mantener vivo su legado.

 El mensaje de Papa León XIII a todos los maristas el 17 de noviembre de 1889, día de la Beatificación, es siempre actual:  “Sean otros Chanel, conságrense como él al servicio de Dios, de la Iglesia y de su Cabeza visible en la tierra”.

Merece la pena anotar que unos 47 años antes el P. Colín, Fundador de los Padres Maristas, había dado este lema a su familia espiritual: “Papa ante omnes; episcopi ante alios”.  Es decir, obedezcan al Papa antes que a nadie; estén con sus obispos antes que, con otros, tales como teólogos o los que se hacen llamar expertos.

 Estas palabras son un eco de los consejos de San Ignacio de Antioquía e Ireneo de Lon en la época po-apostólica.  Tampoco le hubiera desagrado incluir el Axioma de San Patricio: “Ut Christiani, ita et Romani sitis” (Si son auténticos cristianos, serán leales a Roma).

 El Hermano Nisier (Nicetus) Delorme, formado por el P. Champagnat trabajó en Oceanía muchos años.  Murió en Londres el 3 de febrero de 1874 cuando regresaba a su misión después de unas vacaciones en familia, en su Francia natal.  Sus restos reposan en el cementerio de Harringay.

 DIVERSAS ORACIONES FINALES DE LA NOVENA.-

(Se puede variar según los días)

 Eterno y poderoso Padre,

que adornaste a tu mártir San Pedro Chanel

con las virtudes heroicas de la fe, mansedumbre,

caridad e infatigable tesón en el anuncio del Evangelio.

 Concédenos, te pedimos: seguir sus pasos,

y por su intercesión

mueve la mente y el corazón de muchos jóvenes generosos

para que se entreguen al servicio de Jesús y de su iglesia

en la Sociedad de María.

 Que se preparen y se formen de tal manera

que gasten su vida en la salvación de las almas.

Te lo pedimos en el Nombre de Jesús, Nuestro Señor.

 

 ORACIÓN A SAN PEDRO CHANEL (Estampa)

 San Pedro Chanel, has dejado tu tierra

para anunciar a Jesús, el salvador del mundo

a los pueblos de Oceanía.

Llevado por el Espíritu de Dios,

que es fuerza de los mansos,

 has sido testigo del amor,

hasta la entrega de tu vida.

 Concédenos vivir, como tú, la vida diaria,

en la paz, la alegría y el amor fraterno.

Que tu ejemplo haga surgir en medio de nosotros,

muchos obreros del Evangelio, para que el Reino de Dios

se extienda hasta los confines del mundo

 Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ORACIÓN DEL MISAL ROMANO. 28 DE abril

Señor, tu que has concedido

la palma del martirio a San Pedro Chanel,

cuando trabajaba por extender tu Iglesia.

en las islas lejanas de Oceanía,

concédenos a nosotros que,

en medio de las alegrías pascuales,

celebremos de tal modo el misterio de Cristo,

muerto y resucitado,

que seamos verdaderamente testigos de una vida nueva

Por Jesucristo, nuestro Señor

 

CONCLUSIÓN DE LA NOVENA

  La primera generación de maristas que recibió la tradición viva de manos de los Fundadores tenía la firme convicción de que si Pedro Chanel no hubiera sido mártir, hubiese llegado a ser venerado como confesor de la fe.

 Pensando en Chanel, Eymard, Champagnat, Collombe, Epalle y Marmoiton, teniéndolos delante, como en un espejo, el Fundador de los maristas escribió:

 “Allí donde Cristo se hace presente, allí encontramos modestia.  Por tanto se esforzarán en controlar sus palabras, sentimientos y acciones, de tal forma que puedan dar un buen ejemplo a todo el mundo”.

 “Acuérdense de los pastores que les enseñaron las Palabra de Dios, miren como terminaron su vida e imiten su fe...Cristo Jesús permanece él mismo hoy como ayer y por la eternidad” (Heb.13,7-9).

Anímense mútuamente cada día, mientras dura ese hoy” (Heb.3,13).

 

TESTIMONIOS SOBRE SAN PEDRO CHANEL

 1.- Un compañero de estudios. -

“En sus relaciones con nosotros, cuando Chanel tenía 13 años, era un buen compañero: ni pendenciero, ni burlón.  Como tenía una educación más cuidada por estar de pensionista con el párroco, siempre se colocaba como moderador en nuestras rivalidades y batallas.  Participaba con entusiasmo en nuestros juegos; era alegre, aceptaba las bromas y sabía tomar el pelo, aunque no llegaba a herir a nadie.  Como yo era el más pequeño del grupo, todos me molestaban, pero Chanel salía siempre en mi defensa; era como mi protector.

 2.-Uno de sus maestros. -

“Pedro nunca se despreocupó de cultivar su espíritu.  Sabía que, sobre todo en los tiempos que vivimos, la ciencia es tan necesaria al sacerdote como la virtud.  Aunque no era muy inteligente, tenía suficiente facilidad para llevar bien sus estudios.  A ellos se entregó con dedicación y constancia, sin desanimarse nunca ni por las dificultades ni por el aburrimiento de las materias.”

 3.-John P. Twyning.-

John P. Twinyng, súbdito inglés, se encontraba en la isla de Futuna en 1841.  Años más tarde contaba sus aventuras en un libro publicado en Londres y titulado “Naufragio y aventuras de John P. Twinyng entre los isleños del Mar del Sur”.  Se hallaba en Futuna en el momento del martirio de San Pedro Chanel.  He aquí su texto:

 “En mayo de 1841 pasamos por otro peligro, casi fatal para todos los blancos, y que fue la causa de que abandonáramos la Isla del Cuerno. (Futuna).  Comenzó por una pequeña riña entre Newleague (Niuliki) y su hijo Maitala, que trató de hacerse cristiano.  El tabú de la familia de Newleague consistía en que su hijo mayor no podría comer ñame antes de casarse y tener un hijo entonces sería liberado del tabú.  Se le impuso, pues, al joven, bajo pena de muerte, que sería aplicada por sus dioses ( y ellos creían firmemente que se la aplicarían de la manera más terrible), abstenerse de comer la raíz prohibida hasta que fuera liberado cuando tuviera un hijo varón.  Estos tabúes son muy frecuentes entre los habitantes de las Islas Fidji y las Amigas.  Dejando de lado a su padre, Maitala fue a ver al sacerdote católico, que desde hacía dos años residía en la isla, para preguntarle si al rompimiento de su tabú seguiría el castigo de la muerte.  El buen sacerdote le dijo que no, y trató de convencer al joven jefe de que esas supersticiones inútiles eran una tontería, Convencido, Maitala y otros jóvenes que siempre lo acompañaban, como unos doce, preparó una gran hornada de ñame y comió hasta hartarse, apartándose de la antigua costumbre sagrada, o más bien, reduciendo a la nada la venganza y la autoridad de sus dioses.

 La noticia del hecho llegó pronto a los oídos del rey, quien enloquecido por la desobediencia de su hijo y por el insulto que, pensó habían recibido los dioses, decidió tomar a su cargo aplicarle el castigo que tal acto merecía.  Primero mandó algunos jefes a castigar a su hijo y a sus compañeros, ordenando fueran azotados.  Luego, pensando que el principal causante del quebrantamiento del tabú por parte de su hijo era el sacerdote católico, mandó matarlo y saquear su casa.  Ambas órdenes se llevaron a efecto:  el hijo fue azotado y el sacerdote soportó la muerte con la tranquilidad y resignación de un mártir.  Cuando los nativos llegaron a la casa del sacerdote, encontraron la puerta cerrada, y al llamar, él mismo les abrió, pues su ayudante y su intérprete estaban en mi casa, en el sur de la isla y de esta manera salvaron providencialmente sus vidas.  Los nativos le dijeron al sacerdote que uno de los jefes estaba herido en la cara y le pidieron abriera la puerta.  Al abrirla, se abalanzaron hacia el interior y uno de ellos le dio al sacerdote un violento golpe sobre la sien derecha.  El pobre hombre, sin decir ni una palabra de protesta, fue a sentarse en su silla, y, con la sangre corriéndole por la cara, sacó del bolsillo su libro de oraciones, y comenzó a leer.  A poco de estar sentado, otro hombre le arrojó una bayoneta que le atravesó el hombro izquierdo.  entonces él levantó la vista del libro, miró serenamente a sus asesinos, con su mano derecha saco la bayoneta de la herida, y sin hablar, reanudó su oración.  Los nativos comenzaron a saquear la casa; pero dos del grupo que eran amigos del sacerdote, aprovecharon la oportunidad para apremiarle a escapar.  Se acercaron a él y le levantaron para sacarlo.  Se dieron cuenta de que estaba muy debilitado por la pérdida de sangre para poder mantenerse en pié.  En ese momento llegó Musu-Musu, el jefe del grupo, y ordenó a los nativos matar al hombre blanco.  Pero como estaban muy ocupados en saquear la casa, no hicieron caso de las órdenes.  El mismo avanzó hacia su víctima y le dio un violento golpe con la azuela en la cabeza y lo mató al instante.

El autor sigue describiendo como los cuatro o cinco blancos de la isla, viéndose amenazados, tomaron armas y se introdujeron en la maleza, dispuestos a repeler cualquier ataque.  Sin embargo, el rey se mostró arrepentido y el grupo logró salir hacia Wallis.

El relato continúa:

 “Al desembarcar encontramos a Samuel Nelson, jefe militar de la parte sur de la Isla del Cuerno.  Venía a pedirme información sobre la situación de los asuntos por allí.  Le conté lo del asesinato del sacerdote católico, nuestras dificultades a partir de entonces, nuestra salida de la isla, y otras muchas cosas que supuse le podría interesar conocer.  Se alegró de verme, aunque le dio pena mi debilidad (el autor había quedado paralítico de las piernas).  En seguida subió a bordo de una fragata francesa y comunicó a las autoridades lo que yo le había informado sobre el sacerdote, y de inmediato tomaron medidas para castigar a los autores de su muerte.  Unos meses más tarde, Samuel Nelson se hizo a la mar en la fragata francesa, cuyo capitán tenía autoridad y amplios poderes para vengarse de los isleños.  El Obispo de Pomperare acompañaba la expedición, y gracias a su influencia los nativos tenían libertad de evitar la venganza aceptando la fe católica.  De este modo orientó la espada al servicio de la iglesia, para atraer a los paganos.  A su llegada a la isla del Cuerno, habían ocurrido varios acontecimientos que, en parte, habían preparado la mentalidad de la gente a aceptar la religión católica.  Newleague había muerto; su muerte había sido repentina y acompañada de una enfermedad que hizo pensar a la gente había sido un castigo de Dios por haber mandado matar al sacerdote.  El modo como este mártir había pasado los últimos momentos de su vida, contribuyó en gran manera a que los nativos concibieran una gran veneración por su recuerdo, lo cual atrajo más gente a recibir su fe, de lo que había logrado en dos años de residencia y de trabajo.  Musu Musu, el autor del asesinato, estaba vivo y era rey en un lugar de Newleague; pero cuando se presentó la fragata ante la isla, este jefe se dio cuenta de que no podía ofrecer resistencia ante tan formidable fuerza y que no tenía otra alternativa que, o entregarse a la venganza de los franceses, o hacerse cristiano.  Escogió esto último; pero recibió el rito del bautismo poco antes de que fuera atacado por una violenta diarrea, que puso fin a sus días, tras un cortísimo reinado.  Le sucedió Maitala, el joven jefe que había roto su tabú por insinuación del desgraciado sacerdote.

El cristianismo está ahora establecido en la Isla del Cuerno...”

(El texto de este testimonio cfr. Intercom-SM. 1981, #2, p.ll)

 4.- Lo que Chanel escribe a su familia sobre la muerte de Claudio Bret.-

 “El P. Bret, a quien ustedes llegaron a conocer en casa, cuando estábamos en las Islas Canarias, dedicaba mucho tiempo a los enfermos.  Subió a bordo con mucho dolor de cabeza, y en vez de mejorar, empeoró en alta mar.  Le agarró una fiebre muy alta y no sirvió para nada el tratamiento.  El Señor sabe lo que hace; a pesar de nuestros deseos y lágrima, prefirió llamar a Claudio a su lado, satisfecho con su entrega generosa.  Se complació en llamarle antes de llegar al campo de batalla (Oceanía).  Yo fui su compañero de viaje y me separaba de él lo menos posible.  Así, su muerte me debe mover más a la envidia que a las lágrimas.  La noche anterior, Claudio recibió la comunión de manos del Sr. Obispo, más para satisfacer su devoción que por prepararse a bien morir.  Nos impresionó su paciencia y su resignación.  A menudo nos pedía que rezáramos a su lado, y que no nos preocupáramos de causarle fatiga.  El mismo sólo dejaba de rezar cuando caía dormido.

 El lunes por la mañana nos dejó bastante preocupados cuando nos dijo que se estaba muriendo.  No nos podíamos creer sus palabras, aunque las dijo varias veces.  También repitió que no le importaba que su cuerpo fuese comido por los peces o por los gusanos con tal de que su alma estuviese con Dios.

 Cuando sobrevino el momento de su muerte, no se dio cuenta.  Murió después de un sueño profundo y de una breve agonía.  Todos estábamos presentes cuando dio su último suspiro.  Nuestras oraciones se entremezclaron con nuestras lágrimas.  Luego, todos, uno detrás de otro, nos acercamos a despedirnos de él.  Velamos su cuerpo en una pequeña capilla.  El calor exigía que lo enterrásemos sin dilaciones; cosa que hicimos al día siguiente después de una Misa de cuerpo presente, celebrada por el Sr. Obispo.

 El no deja de ser nuestro amigo y hermano.  Sólo ha cambiado el título de misionero por el de Protector de nuestra Misión”.  

 

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